Oliveira Project · Acompañando procesos reales

El miedo no siempre es un camino. A veces es un umbral

Hay miedos que parecen enormes porque los miramos desde el lado de antes.

Nos imaginamos un camino larguísimo: primero tendré que vencer el miedo, después sentirme preparada, luego reunir valor y, finalmente, quizá consiga hacer aquello que llevo tanto tiempo evitando.

Pero no siempre funciona así.

A veces todo el miedo está concentrado en un punto.

Un umbral.

Me pasó con los directos. Durante mucho tiempo sentía verdadero pánico ante la idea de hacer uno. No era simplemente vergüenza o nervios. Había un bloqueo antes de empezar.

Hasta que hice el primero.

Y ocurrió algo curioso: después de cruzar aquel punto, se abrió todo.

No porque de repente me hubiera convertido en otra persona. Tampoco porque desaparecieran para siempre los nervios. Simplemente descubrí que aquello que parecía ocupar todo el camino estaba, en realidad, colocado en la puerta.

El miedo visto a través del cristal

Hay miedos que se parecen a esas imágenes deformadas por un cristal. Desde un lado parecen gigantes.

Los observamos, anticipamos lo que podría salir mal, imaginamos consecuencias, repetimos escenarios en la cabeza… y el miedo va creciendo sin que nosotros nos hayamos movido ni un centímetro.

Pero damos un paso. Solo uno.

Y al mirar desde el otro lado descubrimos algo sorprendente: el monstruo no era tan grande.

Quizá ni siquiera había que derrotarlo. Había que atravesar el lugar donde estaba.

Dar el paso con miedo

Esperar a no tener miedo puede convertirse en otra manera de quedarse quieto.

Hay decisiones que no necesitan valentía perfecta. Necesitan un movimiento suficientemente pequeño como para poder hacerlo incluso con miedo.

Mandar ese mensaje.
Hacer esa llamada.
Entrar por esa puerta.
Presentar ese proyecto.
Decir que no.
Decir que sí.
Empezar.

El primer paso no garantiza que todo vaya a salir bien. Lo que hace es darnos una información que desde el otro lado del umbral no teníamos: qué ocurre realmente cuando avanzamos.

Y entonces dejamos de relacionarnos únicamente con lo que imaginábamos y empezamos a relacionarnos con la realidad.

Quizá el miedo no te está siguiendo

Esta idea me parece especialmente importante.

A veces vivimos como si el miedo fuera a acompañarnos durante kilómetros. Como si, una vez iniciado el camino, tuviéramos que arrastrarlo detrás de nosotros.

Pero algunos miedos no funcionan así. Están sujetos al punto de partida.

Parece que nos tienen agarrados por una correa mientras permanecemos allí. Y cuando finalmente cruzamos la puerta, descubrimos que la correa no llegaba tan lejos.

El miedo se quedó atrás.
Nosotros no.

Por eso, cuando algo te asuste, quizá no necesites preguntarte cómo voy a recorrer todo este camino.

¿Dónde está exactamente mi umbral?

Porque tal vez no tengas delante una montaña.
Tal vez tengas delante una puerta.
Y detrás de ella haya mucho más espacio del que ahora puedes ver.

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