Categoría: oliveira project

  • Sobre Oliveira

    Recuerdo una etapa en la que no podía hacer mucho.
    Tenía intención, pero no tenía fuerza.
    Quería avanzar, pero el cuerpo y la mente no acompañaban.
    Y eso frustraba.

    En ese momento, pedía mucho a Dios algo muy concreto:
    volver a ser trabajadora.
    No en grande.
    No como meta lejana.
    Como algo que pudiera empezar a vivir desde lo pequeño.

    Me decía a mí misma:
    Soy trabajadora. Estoy empezando.
    Y desde ahí hacía lo mínimo.
    Lo posible.

    A veces era muy poco.
    Pero no lo vivía como fracaso.
    Lo vivía como participación.

    Sentía que estaba dentro del proceso.
    No esperando a estar bien para empezar,
    sino empezando desde donde estaba.

    Eso cambió algo importante.
    No solo lo que hacía,
    sino desde dónde lo hacía.

    Dejó de ser exigencia.
    Empezó a ser coherencia.

    Poco a poco, lo mínimo fue suficiente para sostenerme.
    Y desde ahí, algo se fue ordenando.

    No todo a la vez.
    No de forma perfecta.
    Pero sí real.

    Había paz.
    No porque todo estuviera resuelto,
    sino porque yo estaba participando.

    Participando en mi proceso.
    En mi recuperación.
    En mi crecimiento.

    Y en ese lugar, me reconocí.
    No por lo que hacía,
    ni por lo que conseguía,
    sino por lo que ya era.

    Desde ahí, todo empezó a tener sentido.